Páginas

25 de julio de 2011

Shitpanglish

Los pensamientos vuelan como balls of fire. Me deshidrato con la desilusión. Quiero decir que la única palabra es anguishhhhh hasta que me empapo de otros más oscuros y al fin encuentro ese touch de luz que me hace vibrar.
Soy un caudal de palabras que necesito encauzar. Quiero encontrar mi río para dejarme llevar y al fin flow con una pendiente más o menos fashion, artish, stylish.
Siento que quiero compartir todo esto con vos, que sos sweet y das esos besitos tan tender y me hacés sentir nice y full de love. Así me olvido rápidamente de todos esos bear hugs que no llegaron.
Reprimo los deseos de encontrar a quien me atrae, me hace sentir una time bomb disgustante. Ese me pide, me añora, me necesita para aprender, para poder vivir life por un rato.

Novelas.

Amo diseñarme y esa característica es parte de mi libertad y mi cárcel, es lo que me hace ser. Soy fruto de esa combinación a veces tóxica, a veces exquisita.
Me paro en la orilla contraria, me miro, me fotografío, me lleno con imágenes nuevas y mías, intercambio una foto por tres que se oxidaban en el baúl y simplifico. Pero a veces entran burbujas en esa inyección de realidad y necesito volver a mi cuerpo.
Y así me hago, en un zigzag, sí, un zigzag de capítulos entremezclando orillas y fotos y juegos. Sintiendo, oliendo y gustando. Buscando.
Hay un juego que no puedo evitar jugar: el morboso juego con el otro. Estar con un hombre para mi es como irme de viaje y conocer un nuevo país. Quiero probar todo de él: su gusto, su olor, su forma de expresarse. Quiero descubrir qué despierta en mi que yo no conozco, qué estaba guardando hasta que él se cruzó conmigo, quién soy y quién puedo ser. Quiero descubrirme descubriendo a los demás porque son mi espejo y eso lo tengo muy en claro.
Entonces, me convierto en un personaje de una novela de cinco tomos porque a esta escritora le cuesta encontrar un final digno. No me dejo ir ni escapar hasta crecer en páginas y volúmenes y al fin despegar de las hojas.
Por capítulos y capítulos me relato entrelazada con otro, no importa la orilla, adentro y afuera, en primera persona y en tercera persona. Siempre estoy vestida con la misma máscara. El núcleo de acciones de repite: muevo las fichas y los barquitos hasta que lanzo todas las granadas que tengo sobre el tablero.
Finalmente, dejo el protagonismo sólo cuando no puedo dormir de noche, y sino vivo escudándome en la verdad de mis mentiras, escondida en el orgullo de mi prosa justa, sin querer necesitar que el otro corrija mis deseos y mis rumbos. Esa es mi desidia.